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CONVERSACIONES TINDER

Cómo ligar en Tinder: Cita 3

 

A partir del mes que viene dejaré de quitarle pasta a mi novia. Esa tensión tanteando a oscuras dentro de su bolso buscando su monedero mientras ella caga. Se pasan más nervios cuando le robas pasta a tu chica que cuando crees que se ha enterado de unos cuernos.

Y cierto es que tiraba faltas entre semana, eran amistosos, sin más. Pero el partido grande, el de verdad, lo jugaba los fines de semana con ella. La comía de lujo y nuestro amor solo era comparable a la relación gitano-cobre, cobre-gitano.

No era muy lista, pero ya sospechaba algo.

-¿Por qué bloqueas tanto el móvil?

+Ah, por nada. Toma, mira lo que quieras, no tengo nada que esconder…bueno mejor trae, que tengo unas cosas de mi hermana que no puedes ver.

Para que una relación se viva intensa de verdad hay que probar a ser infiel. Porque el poner cuernos es como matar a alguien, al principio te remueve el estómago y te sientes mal, pero después te vuelves adicto y quieres más. Con lo de matar igual. 

Y esto que la conversación por chat no va del todo lo fluida que quieres, y sospechas que no vas a puntuar con ella en vuestra primera cita, hasta que la ves llegar y, por como va vestida, lo confirmas. No vas a meter. Para un día que sales de casa sin la burundanga, en fin.

Viene disfrazada con algo que a día de hoy aún no sabes si era un falda o un pantalón, sin escote, sin maquillar y los zapatos, bueno los zapatos, debían ser de ortopedia. Fatal.

En cuanto os sentáis, te empieza a contar sus mierdas y te das cuenta de que su ex era un cabrón y que podría estar contando tu vida misma o la de cualquier colega.

Y ella quiere saber también de ti y te hace esa temida pregunta “¿y si no trabajas qué haces?” y las ganas de decirle “me dedico el día a intentar chupármela yo solo”.

Le sugieres ir a un sitio más íntimo, quizá la parte de atrás de su coche, es ahí cuando ella te mira raro y te dice “mira, quiero ir despacio. Me han hecho mucho daño”, mientras le comes el cuello.

Y cuando parece que se dejaba querer, de repente, ella con gesto airoso dice lo de “vale ya, me tengo que ir”. Y ahí te quedas, pagando, con los huevos bien llenos y el rabo apuntando a la tragaperras.

Infielmente tuyo, 
Relatos de un Depravado

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