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RELATOS INFIEL

Cómo ligar en Tinder: Cita 4

 

Cuando sospechas que ya estás preparado de nuevo para ser infiel, te juras que esta vez, sí que sí, solo lo harás con una chica modelo o similar.

La gente no sabe lo que sufre el que pone los cuernos, se sufre sobre todo si es fea o gorda. Si los pones con una guapa, un poco te enamoras. Y en vez de odiarte a ti, odias a tu pareja.

Pero no cuerneamos solo para “descargar”, eso lo podemos hacer hasta en los baños de un Corte Inglés. Es más el sabernos fuertes, con presencia en el mercado.

Y al final, como las tías buenas modelos no te quieren, vuelves a atacar a gitanas cojas, a la amiga murciélago de tu hermana o a las gorditas de la app, todo vale.

 

Y nada, y es que una gorda es un ser insufrible y con mal genio que, posiblemente, tenga a sus padres acojonados en casa. No se fían de nadie, ni cuando intentas sincerarte y ser honesto con ellas.

Aún no conozco a una persona que haya ligado noblemente con una gorda. Todos han perdido una apuesta o es puro vicio.

El caso es que te vas a la cueva e intentas meter ficha hasta por Linkedln y todas te desprecian. Es una mala hostia constante y acabas rendido, pasando de todo ya y esperando que te caigan del cielo tías increíbles.

Pero al final, gracias a Dios, hay una que te hace caso y te quiere, era de esas morenas que se creen rubias. Estaba buena, era impulsiva y muy, muy tonta. Perfecta.

Días más tarde, tras insistirle más veces de las que sabes contar, finalmente accede a quedar contigo. Aunque en un bar, no se fía.

Después de dos copas, se suelta y cuando ves a la conquista hecha, miras el móvil, porque las novias nos huelen y suelen llamar en el segundo beso al putón.

Y a la conquistada, que te ha oído media conversación, le cuentas que sí que algo tienes, pero que está muy loca y que lo estáis dejando.

Tu ligue se pone curiosa, está entregada, te pregunta “¿pero se lo vas a contar?”.
-Shh, a ver, no le quiero hacer daño, con el tiempo y si esto dura…

Que hay tías que se creen todo eso de que son especiales y que, además de metérsela, también las quieres para estar con ellas, escucharlas, hablar…

A esto que pones el móvil en modo avión…y a seguir contando mentiras a la desconocida.
Que ella fuma, tú fumas. Que ella no fuma, tú eres miembro de la liga antitabaco. Y así.

El caso es que acabas en su casa, con ella haciéndote una mamada en el pasillo, su gato pegado a ti, oyendo la rueda del hámster a toda leche. Momento raro, bizarro.

Y de repente, cuando te acaba, te quiere besar la muy puta. Logra rozar sus labios con la comisura de los tuyos, y te sientes realmente mal.

Es ahí cuando te sinceras, te tienes que ir, un aviso urgente de comisaría, “¿tú no eras administrador de fincas?”.
-Te mentí, es secreto.

No te cree, y te enfadas fuerte, casi violento haces ademán, hasta dos veces, con enseñarle la placa y pistola “no hace falta”.

Años después, recordarás que tú, sí, tú también le hiciste sexo oral, en ese pasillo, con ese gato mohoso, tocando el gotelé. Y tratas de olvidar.

No recordarás nunca ni qué tetas tenía, fue todo muy sucio, sin detalle. Solo pantalones bajados, los dos, empuje conejero, pavo caído, fatal.

Dos días después, recibiste un par de whatsapps de ella, sin maldad, solo para saber de ti, y siempre con un “puedes hablar?, te molesto?”.

Durante una semana y media le dije que estaba en una misión. Tres semanas más tarde le conté que iba a intentar volver con mi novia.

Y es que es fácil hablar de malas mujeres. Pero no de las desgraciadas, crédulas y buenas personas. De mamada mala pero sincera.

De ese esporádico polvo solo te queda como recuerdo el anillo que le robaste y su olor. Esas colonias baratas de Mercadona. A veces, por la calle, crees olerla y te asustas…

 

 

Infielmente tuyo,
Relatos de un Depravado

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